Mi novia no me deja jugar al Age

Que te no te averguence, compadre. Tu novia, tu esposa, tu mamá no te quieren dejar jugar al age y es lo más normal del mundo. Obvio que les rompe las bolas verte en la computadora «jugando a ese jueguito«. ¿Te viste la cara alguna vez mientras jugás? No lo hagas. Y si… a tu vieja le importa tu futuro y si te ve muchas horas jugando al Age se va a preocupar por vos. Obvio. No es de rompe bolas solamente. Seguramente algo te quiere. Al fin y al cabo se trata de gente a la que le importás. No todos tienen esto.

Si no sos Nicov u otro de esos que ganan plata con esto, sentarse a jugar un par de partiditas solo o con amigos sin que te rompan las pelotas es un lujo divino. En esta breve nota, quiero compartir con vos unos tips que me sirvieron a lo largo de mi vida para darme el gusto y salirme con la mia de vez en cuando.

Allá por el año 2000 cuando todavía vivía en la casa de vieja, le vendí la historia de que todo este tema era una especie de deporte electrónico muy competitivo que no tardaría en llegar a tener deportistas como el fútbol u otras disciplinas. Fui un adelantado para la época, claro. Le mostraba a mi vieja el bracket del primer Mundial de Age of Empires organizado por AoCZone y le contaba que era una especie de ajedrez pero mucho más complejo y fascinante. Calculo que a mi vieja compró no por convicción sino por que mientras no me vaya mal en la escuela o me vea en cosas raras… ¿qué malo puede ser que esté jugando a algo parecido al ajedrez?

Otra historia fueron las sucesivas novias. Tuve que mejorar mis capacidades de persuación. Y si, con algunas tiré el gg temporalmente. Otras tiraron el gg conmigo. La que más funcionó fue la de hacerme el pobrecito. Si, así como lo lees. El pobre tipo trabaja y estudia tanto que se merece desconectar un rato jugando con sus amigos. Mejor eso a que se vaya de fiesta con quién sabe quién ¿no?

La mejor de todas, tengo que reconocer, fue mi mujer. Mismo argumento, ¿qué tiene de malo que se junte a jugar video juegos con los amigos de vez en cuando? Mientras cumpla con todo lo demás, todo bien. El truco fue encontrar la medida justa, el lugar justo, la hora justa del día. Y pagar el precio. No es lo mismo sentarse a jugar un par de partidas después de haber acomodado la casa y puesto a dormir a los chicos que sin haberlo hecho. Se paga el precio primero. Después se accede a lo bueno. ¿Se entiende?

Al final del cuento, quiero hacerte notar 3 cosas:

  1. Ni mi vieja, ni mi novia ni mi mujer me dejaron jugar al Age por lo que es, una actividad recreativa que me merezco por ser un buen tipo en todos los sentidos, sino para que no haga otras cosas. Eligieron el mal menor, supongo. La clave fue lo otro, lo que hice cuando no estuve jugando al Age. A veces se me da por pensar que las cosas grandes que conseguí en mi vida, las conseguí para que me dejen jugar al age en paz.
  2. Mis amigos no se quejaron jamás. Jugaron conmigo por horas. Nos desvelamos juntos. Cuando les digo «14», saben de qué les hablo, y una sonrisa cómplice se dibuja en nuestras caras. Aunque ya peinemos canas.
  3. Si te gusta jugar al Age, te gusta jugar al age y punto. No hay otro juego mejor que este por más que busques. Te lo mereces.

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